🔸 En el imaginario colectivo, el rascacielos es un titán de acero y cristal, un símbolo de poderío industrial cuya huella de carbono se mide en miles de toneladas de hormigón. Pero una revolución silenciosa, arraigada en el material más antiguo de la construcción, está redefiniendo el perfil de nuestras ciudades y nuestra lucha contra el cambio climático. La madera, reinventada mediante ingeniería de vanguardia, emerge como la gran protagonista de una nueva generación de edificios altos que no solo reducen emisiones, sino que las capturan.
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