CUENTACUENTOS

Este contenido se actualiza el último lunes de cada mes


CUENTACUENTOS

El ratón transformado en niña (India)

Recogido en la marcha del 15M Madrid-Bruselas 2011/ comisión de medio ambiente
Proyecto “Conociéndonos”, de Francisco J.L.Frá/ dinamizador de la comisión de medio ambiente y cocinero en la marcha. (14 nacionalidades participaron en la misma)

Un brahmán se paseaba en cierta ocasión por los alrededores de una fuente cuando vio caer junto a sus pies un ratón desprendido del pico de un cuervo. Lo cogió y lo llevó a su casa.

Suplicó a los dioses que transformaran el ratón en una niña, gracia que le fue concedida.

Algunos años después, en vista de que la niña había llegado a la edad apropiada para casarla, dijo a la joven:

- Elige de toda la Naturaleza el ser que más te guste; prometo casarte con él.

- Quiero - dijo la joven – un marido que sea tan fuerte que nunca pueda ser vencido.

- Entonces, es el Sol lo que quieres – dijo el brahmán. Y al día siguiente le dijo al Sol:

- Mi hija desea un esposo que sea invencible; ¿querrías casaros con ella? Pero el Sol le respondió:

- El nublado destruye mi fuerza; dirigios a él. El brahmán hizo la misma pregunta al nublado.

- El viento – dijo éste – me hace ir donde mejor le parece. El anciano no se desanimó y rogó al viento que se casara con su hija; pero como el viento le hizo saber que su fuerza era detenida por el monte, se dirigió al monte.

El ratón es más fuerte que yo, puesto que me agujerea por todas partes y penetra en mis entrañas. El anciano fue, pues, en busca del ratón, que consintió en casarse con su hija, diciendo que hacía tiempo que buscaba esposa. Cuando el brahmán entró en su casa, preguntó a su hija si quería casarse con el ratón, y ella aceptó, puesto que si el ratón vencía al monte, el cual detenía al viento, dueño del nublado que oculta el Sol.

El buen hombre se dijo entonces:

- Para llegar a este fin, ¿qué falta hacía haber cambiado el ratón en niña?

Y rogó a los dioses que la joven volviera a su primitivo estado de ratón, gracia que obtuvo.
-------------------------------------------------------------


La creación del mundo, el hombre, los enanos y los duendes (Escandinavia)

(Recogido en la marcha del 15M Madrid-Bruselas 2011 / comisión de medio ambiente).
Proyecto “Conociéndonos”, de Francisco J.L.Frá/ dinamizador de la comisión de medio amiente.
(14 nacionalidades participaron en la marcha)

Una vez terminada la guerra, los Aesir crearon el mundo a partir del cadáver de Ymir, ya que era el único modelable que tenía. Con su sangre crearon los océanos; con su cuerpo, Midgard, la tierra, que pronto se convertiría en el hogar de la humanidad. La colocaron lo más alejada posible de los gigantes que vivían en el Jotunheim. Con los huesos crearon protuberancias en el cuerpo de Ymir e hicieron valles y montañas; con los dientes, los acantilados; con el pelo, la vegetación; con el cráneo, el cielo; y con trozos de cerebro, las nubes.

Viajaron al Muspelisheim a recoger algunas chispas de la espada de Surtr para hacer las estrellas.

A pesar de las guerras, hubo relaciones entre los Aesir y los gigantes, y de una de ellas nacieron Mani (el Sol) y Luna, las estrellas más brillantes, que fueron colocadas en dos carros para que dieran vueltas alrededor del Midgard. Detrás de los carros corrían dos lobos, Skoll y Hati, cuyo propósito era devorar los dos astros, lo cual conseguirían cuando llegara el Ragnarok, el Apocalipsis.

Un día, los Aesir encontraron dos árboles caídos, un fresno y un olmo, a los que Odín imbuyó la chispa de la vida, Vili dotó de espíritu y sed de conocimiento y Ve otorgó el don de los cinco sentidos. Así crearon al primer hombre, Ask, que procedía del fresno, y la primera mujer, Embla, que procedía del olmo, los Aesir les regalaron el Midgard.

Al cabo del tiempo, los Aesir, se dieron cuenta de que con el tiempo habían nacido distintas criaturas de la descomposición de Ymir. Unas, malvadas y repugnantes, se convirtieron en criaturas con joroba y bultos, llamadas enanos, y debido a su gran fortaleza, fueron desterradas al Svartafheim, mundo subterráneo del Midgard, donde podían cavar en busca de gemas y metales preciosos, que tanto valoraban, y si salían a la superficie, se convertían en piedra.

Las otras criaturas eran los duendes, cuyo espíritu era amable y gentil, por eso su aspecto fue de seres de gran belleza. A ellos les fue dado el reino del Alfheim, pero podían ir al Midgard cuando lo desearan.-------------------------------------------------------
La tabla del clan del fuego Hopi (México)
Mándanos tus comunicados de prensa y artículos a kantabro@live.com

Por: Barriguitas (México)
Cuento recogido en la marcha Madrid-Bruselas 15M 2011
Comisión de Medio Ambiente de la marcha

Tras su aparición en el Cuarto Mundo. Másaw, el jefe espiritual, hizo saber a los hombres que cada clan debía emprender cuatro migraciones, en las direcciones de los puntos cardinales, hasta alcanzar los extremos del mundo, antes de llegar a su lugar de residencia definitiva, un país que acabaría siendo para todos y para siempre.

Todo ello fue grabado simbólicamente sobre cuatro tablas. Antes de desaparecer, Másaw entregó tres de aquéllas tablas al clan del oso, mientras que la cuarta, una piedra negra, cuadrada, de aproximadamente diez centímetros de lado y una esquina rota, le fue concedida al clan del fuego. Los símbolos grabados en su superficie predecían que, cuando el clan del fuego llegara a la tierra prometida, sería dominado por un pueblo extranjero y sometido a las leyes de un dictador, tanto para trabajar sus propias tierras como en sus vidas personales, bajo pena de ser castigados como criminales.

Sin embargo, en ningún caso debían resistirse, sino esperar a aquel que podría liberarlos. Pahána, su hermano blanco desaparecido, quien paraquien volvería un día con la esquina rota de la tabla para liberarlos de la persecución y ayudarles a establecer una fraternidad humana, nueva y universal. . . .

SIGUENOS EN:

Facebook- La Oropéndola 100% Sostenible
Tiwitter- @sostenible2010


Mándanos tus comunicados de prensa y artículos a kantabro@live.com

---------------------------------------------------
nº4 CUENTACUENTOS / Cantabria: Los caballos del diablu
Cantabria: Los caballos del diablu (España) extraído del libro Mitos y leyendas de Cantabria de Manuel Llano

Utilizado como ejemplo por Francisco J.L.Frá (dinamizador), en el taller "Conociéndonos" de la comisión de medio ambiente de la marcha Mdrid-Bruselas del 15M en 2011,

En esta marcha participaron 14 nacionalidades, las cuales cada una aportaron su fuerza, su tiempo, su cultura, y su amor por el cambio a un mundo más justo.

Dedicado para todas las personas que anónimamente recorrieron España, Francia y Bélgica, con una idea y un fin común, "Un mundo de paz y más justo"

Los caballos del diablu son siete. Uno blancu, otru negru, otru encarnau, otru azul, otru verde, otru naranjau y el otru amarillu.

Tío Eugenio está labrando una jarra de madera de alisa, con trazas de cuenco pastoril.

Nosotros estamos a su lado, sentados en un escaño de piedra con briznas de leña recién partida. Chirrían las golondrinas que dejan las hierbas buenas en el nial . . .

El jefe de los caballos del diablu es el colorau, que es muy gordu y  percherón. Si andan por las piedras y las lastras dejan marcás las  herraduras, como si los cantos y las lastras jueran de tierra tierna.

Diz que dan unos resoplíos que hacen temblar a las hojas de los árboles como los vientos del inviernu.

El peto de la azuela escarba en el pedazo de leño para hacer la  “boca”. Van saliendo las horcinas delgadas, chiquitas, algunas muy suaves y pulidas.

Al golpeteo rápido de la herramienta va ahondando el tajo que luego será primor y galanura del arte rústico.

–Los tales caballos –sigue diciendo tío Eugenio- na más que venían al mundo la noche de San Juan. Andaban por el monte comiendo el trébol de las cuatro hojas pa que no los encontraran las mozas y los mozos.

Con el trébol de las cuatro hojas se conseguían cuatro cosas: vivir cien años, no pasar dolores en toda la vida, no tener hambre y aguantar, como si tal cosa, toas las desazones.

Si daque persona veía la noche de San Juan a los caballos del diablu, tenía que hacer siete cruces en el aire pa librarse de morir aplastá al su galope.

Cuando descansaban fatigaos y mojaos de sudor echaban una baba que se convertía en barras de oru. El que encontraba las tales barras se hacía ricu, pero cuando moría iba derechu al infiernu. No había remediu pa la su salvación.

Más golpes de azuela en el tajo de alisa. Una azumbre de cabida tendrá la jarra. Después afinará la panza y el asa con un pedazo de cristal.

–Hay una leyenda sobre los caballos del diablu. Diz que son almas condenás por los muchos pecaos. El colorau diz que es un señor que prestaba dineru a los labradores probes y después los embargaba con trampas de mala ley; el blancu es un molinero que robaba muchas maquilas; el negro un ermitañu que engañaba a la gente; el amarillu un juez; el azul un taberneru; el verde un señor muy ricu que perdió a muchas mozas honrás, y el anaranjau, un hiju que pegó a los sus padres . . .

Tío Eugenio deja la labor.

Posa en el banco de piedra la azuela y el tajo y barre a un rincón las horcinas de la alisa labrada.
---------------------------------------------

Cuenta cuentos nº3
Colección de cuentos recogidos en la marcha del 15M Madrid-Bruselas 2011
Recogidos por la comisión de medio ambiente de la marcha/ Francisco José López Frá (dinamizador de la comisión).
África: Tierra madre (Guinea Ecuatorial)
Un grupo de viajeros que transitaban por Burkina Faso llegó a un pequeño  poblado en pleno mediodía, cansados, sedientos y desorientados. Vieron un apacible anciano que acariciaba sus camellos cerca de su choza, y se acercaron a pedirle información. El hombre, muy amable y paciente, charló amigablemente con ellos y compartió la poca comida y agua que le quedaba.
Naná, una adolescente de viaje con el grupo, no tuvo en cuenta la amabilidad y generosidad del anciano, el detalle que llamó su atención fue su desdentada boca, que al sonreír mostraba dos únicos dientes en los extremos. Le pareció tan cómica la cara del viejo que no podía parar de reír. El anciano, contagiado de su alegría reía también sin saber el porqué, con lo que Naná ya no podía controlar su carcajadas. Salió de la choza la mujer del anciano y adivinó al instante el motivo de tanta hilaridad. Se acercó a la muchacha y reparó en unos diminutos tatuajes que esta tenía en sus manos y en su  frente. . Se acercó con autoridad y le pegó en las manos diciéndole: -¡propia-¡Maleducada! ¿Cómo te puedes reír de un anciano de tu propia familia? ¿De dónde eres? –Naná.–De Guinea Ecuatorial –contestó Naná. -¡mujer.-¡Canta tu nombre! –le exigió entonces la mujer. La mientrasLa muchacha sabía cantar su nombre por línea paterna, mientras que  de la materna sabía apenas unos pocos nombres. De todas maneras, hizo tal como la mujer le exigía e inició su canto, recitando el nombre de las mujeres de su familia, su madre, su abuela, su bisabuela . . . –.–Anís, Imel, Nfu, Ndo, Ajimi . . . En este punto, la mujer se unió a su canto: -Ajimi , Akue, Etha . . .Fueron saliendo familias del poblado que se unían en un punto y seguían el canto al unísono, recitando los nombres maternos de la genealogía familiar.
Fue así como Naná descubrió la grandeza de los lazos familiares Africanos, que por medio de su canto unen familias que trescientos, cuatrocientos o quinientos años atrás tuvieron un pasado común.
Naná fue llevada (aún cogida por la oreja) al centro del poblado, donde todos dieron la bienvenida a un nuevo miembro de la familia.





Las hators (Egipto)


Se cuenta que un faraón y su esposa estaban desesperados. Llevaban mucho tiempo esperando tener un hijo que les llenase de alegría el palacio y sucediera al faraón llegado el momento. Rogaron, rezaron e hicieron ofrendas a todos los dioses, hasta que al fin sus súplicas tuvieron respuesta y tuvieron un precioso varón.

Cuando las siete hators acudieron, como de costumbre, a hacer sus profecías para el futuro del pequeño, el palacio volvió a llenarse de tristeza y rabia,
pues afirmaron que el príncipe moriría a manos de un perro, un cocodrilo o una serpiente. El faraón decidido a salvar la vida de tan deseado hijo, ordenó
construir un gran palacio en el desierto con la idea de alejar al príncipe de todo mal. Allí fue donde el niño vivió y creció...., y al crecer, el gran palacio se le quedó pequeño. El rey tuvo que meditar detenidamente si debía acceder o no a la petición de su hijo, que deseaba tener un perro. Al final, le concedió el deseo, pensando que un cachorro no podría hacerle daño.

El perro y el príncipe se hicieron inseparables, pero eso no era suficiente para que el joven, lleno de vitalidad, fuese feliz en su palacio, que para él era su prisión.

Fue así como un día decidió huir con su perro hasta una ciudad en le que nadie le conocía. En esta ciudad, Naharin, la princesa, había vivido también aislada en una torre de la que, por orden del rey, únicamente saldría cuando uno de sus pretendientes consiguiera llegar hasta ella de un salto.
Nuestro príncipe lo consiguió, y el rey, aunque le preocupaba el hecho de no conocer la procedencia del muchacho, tuvo que cumplir su promesa.

Como el príncipe y la princesa compartieron sus pasados él le confesó su procedencia y le contó la profecía de las hators. La princesa siempre vigilaba atentamente que nada le ocurriera, y una vez, mientras el príncipe dormía, ella consiguió matar a una serpiente que intentó atacarle y a la que el perro se comió después. Años más tarde, su perro intentó atacarle, y el príncipe huyó
arrojándose al río.

En el río se encontró con un cocodrilo. Desde el día que el príncipe nació, este cocodrilo había luchado cada día contra las aguas que trataban de matarlo para proteger al heredero del faraón. El cocodrilo estaba tan cansado de luchar que, en lugar de atacar al príncipe, le propuso no hacerlo a cambio de que éste ayudara a librarse del acoso del espíritu de las aguas. Fue así como los dos juntos vencieron y el hijo del faraón pudo salir ileso del agua.

Creyéndose a salvo, el Príncipe se tumbó a descansar en la orilla, pero su perro, que había permanecido al acecho, volvió a atacarle. Esta vez, el hijo del faraón tuvo que matar a su perro, y pensó que por fin era libre, que había vencido al destino y podría vivir para algún día suceder a su padre. Mientras la princesa y él saltaban de alegría, fue a cumplirse la profecía de las hators;
la serpiente había salido viva del interior del perro y, de un picotazo, acabó con la vida del heredero del faraón.


el viejo jardinero-cuentacuentos colección nº1en pdf

CUENTACUENTOS

El viviejo jardinero (China)


El anciano Tsieou Sien vivía apaciblemente en el pueblo de La Eterna Alegría. Era tan apasionado por la floricultura, que abandonó sus tierras por cuidar sólo el jardín. Si descubría una nueva especie o una flor rara que no tuviera, su alegría era mayor que sihubiera encontrado un tesoro, y quedaba sumido en su contemplación, sin acordarse de nada más. Lo llamaban “el loco de las flores”. Incluso las flores sin raíz que él plantaba en su jardín no dejaba nunca de resucitar y florecer.

Su casa estaba al final de un sendero de bambúes, frente a un lago inmenso conocido como “el estanque de los lotos”.

Era para él una gran alegría el descubrir un capullo a punto de abrirse; calentaba entonces el vino o el té, transportaba el ánfora o la tetera delante de la flor, la saludaba con una profunda inclinación y la regaba con una taza exclamando por tres veces:

“¡Vivan las flores!”. Por fin, se sentaba en el suelo, con la mirada fija en la corola, y bebía largamente. Pero Tsieou sufrió una gran desgracia: el malvado magistrado Tchang Wey destrozó su jardín.
Al anciano, que lloraba amargamente, se le apareció una hermosa joven. Tenía la gracilidad del sauce; sus ojos hacían pensar en el albaricoque; sus cejas evocaban a la luna creciente; sus dientes eran granos de granada; su talle era flexible como el sauce; sus dedos, cual tallos de bambú; y sus pies oprimidos semejaban cuartos de luna.

-¿Quién eres? -le preguntó Tsieou-. Te pareces a las doncellitas del cielo que esparcen flores sobre la tierra.

-No lloréis, mis antepasados me legaron un secreto infalible para resucitar las flores -le dijo ella.
Cuando volvió con el tazón de agua, que ella le había pedido, ya no la encontró allí, pero, ¡oh maravilla!, cada flor había vuelto a su tallo. Súbitamente, el espíritu de Tsieou se abrió a la luz: “Este milagro sólo lo puede hacer la reencarnación de una inmortal”, pensó.

Aún le ocurrieron muchas desventuras con Tchang Wey, que terminó por encarcelarlo acusándolo de hechicero. Allí se le volvió a aparecer la inmortal.

- ¿Puedo conocer tu nombre? –balbuceó el jardinero.

-Soy la protectora de las flores -contestó ella-, al servicio de la Reina de Oeste. Tu compasión por las flores me enterneció y he hecho un milagro en tu jardín sin pensar en las consecuencias. Pero está escrito en tu suerte que has de afrontar esta clase de desgracias. Sin embargo, pronto saldrás de todas tus cuitas y Tchang Wey no quedará impune, ya que maltrata a los hombres lo mismoque las flores. En cuanto a ti, tienes que fortalecer tu voluntad. De aquí a unos años vendré a buscarte para conducirte al mundo de los inmortales.

-¿Puedes enseñarme el sendero de la virtud? -preguntó Tsieou.

-Hay varios. Primero es necesario discernir cuál te conviene. Tu mérito viene de tu amor por las flores; ejerce la virtud por ese camino. No te mantengas sino de pétalos de flores y así aligerarás tu cuerpo y podrás un día elevarte en los aires -contestó ella.

Desde aquel día, Tsieou se mantuvo únicamente de pétalos de flores. Unos años más tarde, su rostro se había tornado juvenil y sus cabellos blancos fueron oscureciéndose. El día quince de la luna octava lucía el sol en un cielo sin nubes. Sentado ante las flores, el anciano jardinero creyó percibir en el aire unos acordes armoniosos.

Un extraño perfume inundó el jardín y penetró en todo su ser. Vio bajar del cielo una neblina multicolor, entorno a la cual revoloteaban cigüeñas blancas y fénix azules. Allí apareció la diosa de las flores, rodeada de sirvientas que llevaban un instrumento, una oriflama o un palio.

-Tsieou Sien -le dijo la diosa-: has cumplido tu penitencia sobre la tierra y he conseguido del Emperador Celeste autorización para nombrarte guardián de las flores.

Hoy mismo subirás al cielo con nosotras. Cuando hubo terminado las diez mil veces diez mil reverencias de agradecimiento, el jardinero subió a la nube con las inmortales. La nube se puso en movimiento; la siguieron lentamente por los aires la choza, las plantas y las flores, y se alejaron hacia el Sur.

2 comentarios: