domingo, 31 de marzo de 2013

¿Cómo se crean las montañas?

Montañas.



Las montañas y las cordilleras se forman principalmente por interacción de los procesos de formación (orogenia) y los subsiguientes procesos de erosión que tienden a destruirlas. En general, la distribución de las principales cordilleras del mundo siguen los mismos cinturones de masas terrestres donde son frecuentes los terremotos y volcanes. Estos fenómenos se deben, a su vez, al choque de las placas móviles que componen la litosfera. Como consecuencia de estos choques suele proyectarse hacia arriba el extremo de una placa, fenómeno que ha provocado la formación de numerosas cordilleras, aunque también hay otros procesos que intervienen en la formación de las montañas.


Las mayores cordilleras que existen actualmente sobre la Tierra (los Alpes, el Himalaya, las Montañas Rocosas y los Andes) son relativamente jóvenes, ya que han nacido como consecuencia de los choques entre placas que se han producido en los últimos 25 millones de años, aproximadamente.

Algunas de entre las cordilleras más antiguas son en cambio los Highlands, en Escocia, las montañas escandinavas y los Apalaches, en Estados Unidos, todas con más de 300-400 millones de años de antigüedad. En numerosas partes de África y Australia quedan restos, profundamente erosionados, de otras cadenas todavía más antiguas, de hasta 3.000 millones de años.

Montañas de plegamiento.

Las cordilleras continentales más grandes y más complejas del mundo son el resultado del choque entre placas tectónicas. Las montañas se han originado directamente por estos choques se denominan montañas de plegamiento, porque en ellas se notan perfectamente los pliegues, las fallas y todas las deformaciones provocadas por las presiones sufridas. En algunos casos, estos choques se produjeron entre masas terrestres. Así India presiona sobre el resto de Asia para formar el Himalaya y África presiona sobre Europa produciendo los Alpes. En otros casos, el choque se produce entre unas placas oceánicas y un continente. Por ejemplo, la placa del Pacífico se expande en dirección a América del Sur, elevando los Andes. El Himalaya, los Andes y los Alpes todavía se están formando; en cambio, otras cordilleras, como los Urales y los Apalaches, son producto de choques más antiguos, que han concluido hace ya mucho tiempo.

Montañas de bloques y de erosiones.

Existen otro tipo de montañas en las cuales los choques entre placas no tienen una participación más que marginal. En las montañas de bloques, se han hundido el bloque central de la corteza terrestre, mientras que los bloques adyacentes han sido empujados hacia arriba. Encontramos montañas de este tipo en el oeste de EUA (Nevada y partes de Utah, Nuevo México, Arizona, y California) y también en la Sierra Nevada de California y en la Teton Range de Wyoming.

En las montañas de erosión, por el contrario, el bloque central se ha visto empujado hacia arriba. Encontramos ejemplos en las Black Hills de Dakota y en los Adirondacks, en el estado de Nueva York.

Montañas volcánicas.

También se forman montañas espectaculares como consecuencia de la acción volcánica. Por ejemplo, el Mauna Loa, en Hawai sería, con sus 10.203 m, la montaña más alta del mundo, se se midiera desde el fondo del océano Pacífico, aunque su altura se reduce a menos de la mitad si se la mide desde el nivel del mar. Sin embargo, mucho más importantes que estos volcanes aislados son las dorsales oceánicas, las cordilleras submarinas a lo largo de las cuales se produce la mayor parte del vulcanismo terrestre. También hay una actividad volcánica intensa donde chocan las placas oceánicas y las continentales. Por ejemplo, Los Andes deben gran parte de su masa a la actividad volcánica.

A veces, la erosión y la destrucción de volcanes continentales aislados es un proceso rápido. Algunos volcanes se auto destruyen parcialmente, como el Mount St Helens, en el noroeste de EUA, que perdió parte de su costado en una erupción en 1.980; o el Vesubio, la parte superior de cuyo cráter se desintegró en el año 79. Otros son completamente auto destructivos, como el Krakatoa, en Indonesia, que explotó en 1.883, desapareciendo por completo.

Aparte de estos episodios espectaculares, la erosión de los volcanes puede ser bastante rápida y las cenizas sueltas, que componen en parte, son transportadas fácilmente por el agua de lluvia. En el caso de algunos volcanes andinos, los temblores de tierra desencadenan aludes que caen sobre los valles cercanos. Algo así ocurrió en 1.970, cuando se estima que se desprendieron 40 millones de m3 de rocas y hielo del Huascarán, en Perú, sepultando por completo varias ciudades y poblados, y matando a muchos miles de habitantes en un radio de hasta 20 km.

Los volcanes que se forman en los océanos a veces son erosionados por las olas, como ocurre con el Surtsey, que surgió del mar frente a las costas de Islandia en la década de 1.960 y en la actualidad casi ha desaparecido.

En cambio, los volcanes hechos de roca más dura pueden persistir indefinidamente. Sólo en el fondo del océano Pacífico hay decenas de miles de conos volcánicos apagados (volcanes submarinos) y en diversas partes del mundo se conservan restos de volcanes de cientos de millones de años de antigüedad.

Erosión eólica y acuática.

Apenas comienza a elevarse una cordillera, se ponen en movimiento las fuerzas de la erosión.. El agua, el viento, el hielo y la vegetación son agentes erosivos que a menudo actúan simultáneamente. Las montañas, por tanto, serían el resultado intermedio de los procesos erosivos que, al final, acaban por reducirlo todo al nivel del mar. Las cordilleras jóvenes son aquellas que se han elevado hasta una altura aproximada a la cual en los últimos 25 millones de años, más o menos, y suelen se altas y escarpadas. Las cordilleras antiguas han sido erosionadas durante cientos, o tal vez miles de millones de años, y suelen ser más bajas y redondeadas.

En primer lugar, los procesos erosivos comienzan a desgastar las rocas que quedan a la intemperie. La lluvia aporta agua, que provoca una reacción química en numerosas rocas minerales. Entonces, el agua arrastra los fragmentos sueltos hacia los ríos y, finalmente, al mar, mientras que la masa rocosas más resistentes permanecen en pie, como montañas aisladas. Las montañas que se han desgastado exclusivamente por acción del agua suelen ser redondeadas, con barrancos poco profundos.

Las estructuras hechas por el viento en cordilleras enteras son realmente insólitas, aunque a veces se encuentran superficies desnudas y pulidas en las rocas escarpadas de regiones desérticas, sobre las que el viento arroja granos de arena a gran velocidad, como ocurre por ejemplo en el Death Valley, en California, o en las montañas Ahaggar, en el Sahara central. La labor del viento, así como los torrentes y el agua de las lluvias, abren cañones en las montañas. En cuanto el cañón se forma, el agua deposita los sedimentos en conos de deyección, mientras que el material transportado por el viento cubre de dunas las tierras bajas adyacentes.

La acción del hielo.

Al congelarse el agua dentro de las grietas de las rocas, se expande y las separa, provocando así la erosión de los picos montañosos. (De forma similar, la vegetación contribuye también a la erosión; por ejemplo, las raíces abren grietas). La acumulación de hielo en forma de glaciares, esculpe la mayoría de las altas cordilleras, como los Alpes, el Himalaya, las Montañas Rocosas (sobre todo en Canadá) y las montañas escandinavas. La forma actual de muchas otras cordilleras se debe a la acción de los glaciares durante la última glaciación (que se produjo entre 100.000 y 10.000 años atrás); por ejemplo, los Highlands, en Escocia, las Montañas Rocosas estadounidenses, la mayor parte de los Andes, el Cáucaso y los Urales.

La erosión regresiva de los glaciares (es decir, la erosión de la pendiente donde se origina el glaciar) excava circos glaciares y, cuando coinciden dos o tres circos, el resultado puede ser un pico piramidal, como el Matterhorn, en Suiza. Los pasos elevados que unen los circos que atraviesan una cordillera se denominan puertos. En las laderas escarpadas de estas montañas se suelen producir aludes, en los que se desprenden rocas y tierra, pero también nieve y hielo.

Las partes más bajas de las montañas que tienen o han tenido glaciares se caracterizan por las morrenas terminales, que son montículos de detritos transportados por el hielo a través de un valle y depositados en el limite del glaciar. A veces las morreras contienen lagos, aunque las corrientes que se forman tras la fusión del hielo acaban por desbordarlos y formar a su vez planicies aluviales que nacen en las bocas de los valles.

Por lo tanto, como las cordilleras se desgastan poco a poco, las partes más resistentes son las que más duran y las que les han otorgado sus formas actuales. A veces se da la peculiaridad de que las montañas siguen creciendo a medida que sus lados se desgastan. Por ejemplo, Los Alpes y el Himalaya todavía se siguen elevando como consecuencia de los procesos de las placas tectónicas; el Everest crece en altura, a pesar de que los glaciares lo tallan por los lados.

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